XIX

A cada cuerpo, a cada espacio,

acude con sed y frío,

esa tenue palidez que reclama

como ardiendo, como un pez obtuso

el pálido gemido que en su red oscila,

y cayendo, tuerce espirales,

esgrime las esquinas apegadas a mi curso,

plena en voz y la palabra,

aquella casa era parte de tu sombra,

alcoba taciturna y galopante,

como un viaje que enjuaga el gesto,

la nota,

el epígrafe.

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