XVIII}

Se apegan tumultuosas,

como polillas,

al sonido de la palabra noche,

cruzando y yendo bajo ácidas esquinas,

memorizando números,

tus pupilas, esa actitud ante las cosas.

 

Y juntos, mar, selva,  las olas se alzan por

mi frente como años,

rompiendo de muerte,

galopando esteros, como

si pronto surgiera un frío vestido

en gris, de pronto sonó un grito.

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